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martes, 18 de febrero de 2020

Los combustibles fósiles causan 4,5 millones de muertes al año


Un nuevo estudio de Greenpeace y el CREA revela que la contaminación por petróleo, carbón y gas supone pérdidas de 8.000 millones de dólares al día.

Santiago Sáez

La quema de combustibles fósiles mata cada año a alrededor de cuatro millones y medio de personas, y cuesta unos 2,9 billones de dólares (un 3,3% del PIB mundial). Lo ha revelado un nuevo estudio publicado por Greenpeace y el Centro de Investigación en Aire Limpio y Energía (CREA). Para calcular el coste global de la contaminación procedente de la quema de carbón, petróleo y gas, la investigación ha tenido en cuenta tanto los costes sanitarios como los días de trabajo perdidos por baja por enfermedad o muerte prematura.

Las niñas y los niños, en particular en zonas de bajos ingresos, son los más afectados. El informe destaca que alrededor de 40.000 personas mueren cada año antes de cumplir los 5 años por la exposición a micropartículas (PM2.5) procedentes de la quema de combustibles fósiles. Además, unos 16 millones de menores están afectados por asma por la exposición a gases contaminantes como el NO2, procedentes de los vehículos de combustión interna y centrales térmicas. Por último, la investigación también ha tenido en cuenta las muertes y enfermedades causadas por ozono.


Efectos en España y la Unión Europea

Los tres países más afectados por los efectos perniciosos de los combustibles fósiles son la China continental, India y Estados Unidos. Sin embargo, según Greenpeace, la Unión Europea no se libra: cada año fallecen prematuramente unas 398.000 personas. De estas, más de 24.500 se registran en nuestro país, en el escenario más probable. En cuanto a costes, según los autores del informe, España pierde cada año 23.631 millones de dólares (unos 21.400 millones de euros). Esta cifra equivale al 1,68% del PIB nacional.

Adrián Fernández, responsable de Movilidad de Greenpeace en España, aseguró que «diez años después de la entrada en vigor de la directiva europea, España sigue incumpliendo los niveles máximos de NO2». Esto supone un riesgo, según Fernández, para hasta 35.000 vidas. «Pese al enorme coste económico y social que tiene la contaminación, todavía hay administraciones que siguen promoviendo el uso de combustibles fósiles: incentivando el uso del coche en las ciudades, amparando la construcción de nuevos aeropuertos o retrasando el cierre de centrales térmicas, lo que pone en riesgo no solo nuestra salud, sino también la necesaria reducción de emisiones para hacer frente a la crisis climática», aseguró el activista.

La Comisión remitió en 2019 a España al Tribunal de Justicia de la Unión Europea por no respetar los valores límite de dióxido de nitrógeno (NO2).

¿Contaminación o cambio climático?

Las sustancias contaminantes a los que se refiere el informe de Greenpeace y CREA no son gases de efecto invernadero. Por lo tanto no contribuyen al calentamiento global. Los gases de efecto invernadero más importantes son el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4) y el óxido nitroso (N2O). Los gases contaminantes son aquellos que suponen daños para la salud humana. Salvo contadas excepciones, no coinciden con los de efecto invernadero.

No obstante, los gases de efecto invernadero y los contaminantes a menudo comparten origen. En este caso, y en muchos otros, los provoca la quema de combustibles fósiles.

domingo, 7 de julio de 2019

Campos secos, campos muertos: el sector agropecuario ante la crisis climática


No corren buenos tiempos en los campos españoles, sobre todo para quienes se dedican a la ganadería y la agricultura. Si existe alguna actividad productiva que interactúa con la naturaleza y esté directamente en contacto con el clima y su tendencia cambiante son estos dos sectores. Ambos están amenazados por los mismos factores: la falta de agua y las altas temperaturas.
Ni las sequías, ni las olas de calor, ni casi ningún evento individual puede relacionarse directamente con la crisis climática. Sin embargo, como apuntan Agustín del Prado y Elena Galán, investigadores del Centro Vasco para el Cambio Climático (BC3), “lo que sí podemos atribuir al calentamiento global es el incremento en el número de eventos meteorológicos extremos de este tipo –también heladas y precipitaciones intensas–, en la severidad de los mismos, y en la modificación de la duración de las estaciones”. Son unas declaraciones en consonancia con lo publicado este martes por el World Weather Attribution, que ha concluido que la pasada ola de calor ha sido, al menos, cinco veces más probable y 4 ºC superior a hace un siglo como consecuencia del cambio climático.

Un calor que no cesa, aumenta

El verano ha dado comienzo de la peor manera posible, con una ola de calor que ha abarcado a casi toda España y a Europa occidental. Entre las consecuencias más graves en nuestro país está la muerte de dos trabajadores y varios incendios forestales de gran magnitud.
Los termómetros han ido alcanzado temperaturas máximas de récord que ya no se antojan como novedad. Según el informe Summer Is Coming, del Observatorio de Sostenibilidad, la temperatura media en verano ha aumentado 2,45 ºC desde la década de 1969-1978 hasta la década de 2009-2018. Y otro dato: los meses de marzo y abril de este año han sido los segundos más cálidos del planeta desde que comenzaron los registros en 1880.
Unas altas temperaturas que, al igual que la sequía, están haciendo mella en el sector agropecuario. Como apuntan Del Prado y Galán, “el incremento de la frecuencia de años extremos puede complicar el manejo de cultivos y requiere un mayor análisis del impacto sobre la sostenibilidad de los sistemas agrícolas”. Asimismo, ambos remarcan la aparición de más plagas y enfermedades a medida que suben las temperaturas.

Sin agua, sin cosechas, sin futuro

España está en situación de sequía meteorológica. Lo ha confirmado la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) en base a los registros de precipitaciones de la primavera, la sexta más seca del siglo XXI. Desde que comenzó el año hidrológico, el pasado 1 de octubre de 2018, ha llovido en nuestro país cerca de un 15% por debajo de lo normal. Y comparado con el comienzo de año, las cifras son más dramáticas: las lluvias han estado un 25% por debajo del promedio 1981-2010. Esto convierte a 2019 en el tercer año hidrológico y natural más seco de lo que llevamos de siglo.
La falta de agua también lo atestiguan las propias personas que trabajan sobre el terrero. No obstante, el Gobierno “sigue sin dar pasos para apoyar a los afectados por la sequía”, denuncia la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA). Actualmente, el mecanismo oficial para determinar si hay sequía es a través de un satélite, sin embargo, este “no determina situación de sequía en zonas que están ‘como un erial’”, apuntan desde la asociación.
Aun así, la subsecretaria en funciones del Ministerio de Agricultura, María Dolores Ocaña, ha asegurado esta semana que se realiza “desde hace meses” un “seguimiento exhaustivo de la situación provocada por la falta de lluvias”, y ha informado de que el actual ministro en funciones de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ha convocado para este 4 de julio una reunión técnica de la Mesa de la Sequía, donde se valorará la situación.

Hectáreas perdidas

La peor parte se la ha llevado los cereales de invierno, con cerca de 950.000 hectáreas perdidas por el clima adverso, unas pérdidas que se estiman en más del 30% de la cosecha respecto al año pasado, lamentan desde UPA. Por zonas, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Navarra y Aragón son las que peor paradas han salido, según datos del Ministerio de Agricultura.
En cuanto a los cultivos de secano, estos sufren reducciones importantes en sus rendimientos medios debido a una disminución de las precipitaciones y un incremento de las temperaturas. Es el caso de Aragón, que verá reducida la producción un 20% en los próximos 25 años, vaticinan desde UPA.
La ganadería es también otra de las perjudicadas, en concreto la extensiva, que afronta graves problemas por la falta de pastos, dando lugar a un sobrecoste en alimentación para el ganado. El impacto que ejerce el cambio climático sobre la ganadería es, según Agustín del Prado y Elena Galán, “complejo”, pues “la variación en temperatura y precipitaciones puede afectar a los aspectos relacionados con la producción, reproducción, el metabolismo y la sanidad de los procesos productivos”, señalan a Climática.
Esta semana, se ha celebrado la comisión general de la Entidad Estatal de Seguros Agrarios (ENESA), donde se ha analizado el estado actual de la siniestralidad agraria. En total, los asegurados percibirán indemnizaciones por valor de más de 100 millones de euros en el caso de los campos de cereales de invierno, y de 13 millones como compensación por la pérdida de pastos, según primeras estimaciones oficiales. Para los productores de la UPA, esta situación “es inasumible” ya que han tenido que hacer frente “a un incremento del precio final de entre un 20% y un 80% desde 2015”, remarcan.

Adaptarse a los cambios

Al igual que la agricultura y la ganadería sufren los efectos del cambio climático, estos también contribuyen a la emisión de CO2. Según datos europeos de 2015, la agricultura supuso un 10,1% del total de emisiones de gases de efecto invernadero. Unos datos de los que son conscientes el propio sector, que conoce, además, el importante papel que juegan para reducir la huella de carbono. Yendo más allá, de acuerdo a un estudio realizado por los afiliados y afiliadas de la UPA, el 93% considera que el clima está cambiando, mientras que un 87% y 82%, respectivamente, atestiguan un aumento de temperaturas y una disminución de las precipitaciones. La conclusión: el sector agropecuario es plenamente conocedor de que los efectos del cambio climático les ha llegado.
Por ello, son varios los proyectos que llevan a cabo para adaptar y mitigar los efectos del cambio climático. Uno es InfoAdapta-Agri, liderado por la UPA y a través del cual se facilitan herramientas a los productores para que sepan adaptarse al cambio. Asimismo, la Asociación Española Agricultura de Conservación/Suelos Vivos ha presentado hace unos días un proyecto de mitigación de los efectos de la crisis climática en la agricultura llamado Life Agromitiga, financiado mediante fondos europeos, y con el que esperan “contribuir a la transición hacia un sistema agrario hipocarbónico”.
Gabriela Vázquez, coordinadora del área de Agroecología de Ecologistas en Acción, considera que «nuestro modelo agrícola se ha venido adaptando en los últimos años a unos supuestos que no tenían en cuenta los límites de nuestro territorio”, remarcando que “con el cambio climático esta situación solo puede agravarse”. Para ella, es fundamental «una transición hacia distintos tipos de modelos alimentarios, adaptados a las características de cada territorio y los recursos de los que dispone», para así devolver «a la población y las personas productoras la capacidad de tomar decisiones sobre su entorno y los alimentos que se producen en él”.
No obstante, hacer frente al calentamiento global no está al alcance de todas las personas. Para un 78% de los integrantes de UPA, las limitaciones económicas les impide llevar a cabo las medidas de adaptación necesarias. Y casi la totalidad, un 96%, ve necesario que se pongan en marcha medidas económicas incentivadoras hacer frente a la crisis climática.
En este aspecto, el Estado español se rige por el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático, aprobado en Consejo de Ministros en 2006 bajo el gobierno de Zapatero y actualmente en revisión. En él, se recogen varias medidas para “las evaluaciones de impactos, vulnerabilidad y adaptación relativas al sector agrícola”. La mayoría van encaminadas a predecir el clima y sus posibles efectos, aunque también apuestan por plazos a corto o medio plazo, pero sin propuestas concretas de actuación.
En cambio, Del Prado y Galán creen que sí hay diferentes formas de paliar, con los recursos actuales, los efectos más devastadores del cambio climático. Para el cultivo, proponen adaptar los calendarios de siembras e incentivando técnicas agroecológicas y más eficientes, además de usar variedades más resistentes a la sequía. En cuanto a ganadería, ambos expertos recomiendan, en el caso de sistemas intensivos, adaptar los edificios para aprovechar las corrientes naturales, y en el caso de modelos extensivos, favorecer que haya superficies sombreadas que garantice el agua.
Para Gabriela Vázquez, de Ecologistas en Acción, no es posible» una «reducción suficiente de las emisiones», tanto en agricultura como en toda la economía en su conjunto, «sin cuestionar los fundamentos de nuestro sistema económico y modificar de forma esencial la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno». Además, critica que la una nueva Política Agrícola Común «dice poner los problemas ambientales entre sus prioridades, pero sigue favoreciendo a las grandes empresas y perpetuando el mismo modelo agroalimentario que nos ha traído hasta aquí”.

domingo, 26 de agosto de 2018

Cambio climático


Las olas de calor que están teniendo lugar este verano en todo el mundo están transformando este año 2018 en un año especialmente caluroso y así mismo será incluso en los cercanos años hasta 2022, según un reporte dirigido el Laboratory for Ocean Physics and Remote Sensing de la Universidad de Brest y la Universidad d Southampton.
Así mismo, el director de la investigación, Florian Sévelec, sugiere que utilizando un moderno método basado en un algoritmo, el análisis muestra que a nivel global el periodo 2018-2022 podría ser el periodo más cálido esperado según el actual cambio climático.
El próximo lustro será aún más caluroso debido al cambio climático
La análisis destaca que el calentamiento climático provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero no es lineal, sino que aparece haberse desviado a principios del siglo 21, por un fenómeno renombrado como la interrupción del cambio climático. En la actualidad, el renovado método para predecir las temperaturas medias, sin embargo, sugieren que estos cercanos años serán más cálidos de lo previsto.
El sistema, realizado por investigadores de CNRS, de la Universidad de Southampton y del Real Instituto Meteorológico de Holanda, no emplea las técnicas de simulación tradicionales. En su lugar, aplica un método de análisis estadístico para utilizando el uso de diversos modelos de referencia para hallar condiciones climáticas análogas y deducir probabilidades futuras.
La precisión y la fiabilidad de este sistema probabilístico ha probado ser unos equivalente a los métodos actuales, en particular por la meta de simular el lapso de calentamiento global de principios de este siglo.
Desde ahora, este renovado método predice que la desviación media de la temperatura del aire podría ser "anormalmente alta" entre 2018 y 2022, por encima de lo que las cifras deducen solamente con el calentamiento antropogénico global.
Una vez que el algoritmo es entendido, un procedimiento que dura distintos minutos, las predicciones que se obtienen en unas pocas centésimas de segundos en un ordenador portátil. En comparación, los supercomputadores necesitan hasta una semana para lograrlo con la simulación de métodos tradicionales.En particular, esto es necesario a la probabilidad baja de que se produzcan episodios de frío intenso. El fenómeno es además más destacado con respecto a las temperaturas de la superficie del mar, a causa de la alta probabilidad de episodios de calor, que en presencia de algunas condiciones, puede ocasionar un aumento de las tarea tormentosa.
Por el momento, el método solamente produce una media general, aún así los científicos en la actualidad podrían adaptar sus predicciones regionales y, así como también de las temperaturas, estimar las tendencias de precipitaciones y de sequías.